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jueves, 19 de febrero de 2009

¿Pablo misógino? (7 de 7) Mujeres en la vida y en la misión de Pablo

Tanto los Hechos de los Apóstoles como las cartas de Pablo y de sus discípulos hablan de muchas mujeres, generalmente como colaboradoras de la misión. Veamos un simple listado: María, madre de Juan Marcos; Lidia; Damaris; Febe; Priscila, mujer de Aquila; María; Junia, mujer de Andrónico; Pérside, Trifena y Trifosa; Julia; Cloe; Evodia y Síntique; Ninfa; Afia; Lois y Eunice; Claudia.
Algunas son conversas, como Lois y Eunice, Damaris o Lidia; otras llegaron a ocupar puestos de responsabilidad en las comunidades locales, como Cloe y Ninfa; otras compartieron con Pablo la misión apostólica: Evodia y Síntique, Prisca; y otras llegaron, probablemente, a ejercer funciones ministeriales, como Febe, diaconisa en Cencres y protectora del mismo Pablo, y Junia, ilustre entre los apóstoles y compañera de prisión de Pablo. Por último, a algunas, como Pérside y la madre de Rufo, les dedica saludos especialmente afectuosos, signo de un cariño especial:
Saludad a la amada Pérside, que trabajó mucho en el Señor. Saludad a Rufo, el escogido del Señor; y a su madre, que lo es también mía. (Romanos 16,12-13)

(Este último párrafo está sacado de BARTOLOMÉ, J.J., Pablo de Tarso. Una introducción a la vida y a la obra de un apóstol de Cristo, Editorial CCS)

Bueno, hasta aquí la serie de entradas que quería dedicar a este tema polémico y, en el fondo, apasionante. Está claro que el tema no está cerrado, hay textos demasiado ambiguos y de difícil interpretación; pero yo me permito expresar mi opinión:
Pablo, inmerso en una sociedad que discriminaba abiertamente a las mujeres, comenzó a intuir su igualdad con el varón y su importancia para el mundo social y para la Iglesia. Todavía quedan en él restos evidentes de lenguaje que marca desigualdades, pero al mismo tiempo es capaz de mostrar afecto y, más sorprendentemente aún en su época, aceptar y promover a mujeres para cargos de responsabilidad.

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martes, 17 de febrero de 2009

¿Pablo misógino? (6 de 7) Amor y respeto

Efesios 5,21-33
El texto de hoy es sugerente, parece gustar y disgustar, agradar y enfadar al mismo tiempo. Como siempre, os pido que intentéis leerlo con los ojos de un ciudadano del imperio romano de hace veinte siglos, y no con nuestras gafas culturales. Ahí va el texto, es un poco largo:
21 Guardaos mutuamente respeto en atención a Cristo. 22 Que las mujeres respeten a sus maridos como si se tratase del Señor; 23 pues el marido es cabeza de la mujer, como Cristo es cabeza y al mismo tiempo salvador del cuerpo, que es la Iglesia. 24 Y como la Iglesia es dócil a Cristo, así también deben serlo plenamente las mujeres a sus maridos.
25 Maridos, amad a vuestras mujeres como Cristo amó a la Iglesia y se entregó a sí mismo por ella 26 para consagrarla a Dios, purificándola por medio del agua y la palabra. 27 Se prepararó así una Iglesia esplendorosa, sin mancha ni arruga ni cosa parecida; una Iglesia santa e inmaculada. 28 Igualmente, los maridos deben amar a sus mujeres como a su propio cuerpo. El que ama a su mujer, a sí mismo se ama; 29 pues nadie odia su propio cuerpo, antes bien lo alimenta y lo cuida como hace Cristo con su Iglesia; 30 que es su cuerpo, del cual nosotros somos miembros.
Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre para unirse a su mujer, y llegarán a ser los dos uno solo.
Gran misterio éste, que yo relaciono con la unión de Cristo y de la Iglesia. En resumen, que cada uno ame a su mujer como se ama a sí mismo, y que la mujer respete al marido.

¡Pero cómo! ¿La mujer no debe amar al marido? ¿Sólo respetarlo?
Vayamos por partes. Ante todo, recordar que la carta a los Efesios no está muy claro si la escribió Pablo o algún discípulo suyo en su nombre más tarde. De todos modos, vamos a comentar un poco este texto.
Como habéis podido ver, mezcla varios temas: el matrimonio y la relación de Cristo con la comunidad de los cristianos, esto hay que tenerlo en cuenta porque quizá el mensaje que más le interesaba a Pablo (o a su discípulo) no sea aquello que a nosotros nos resulta más vistoso.
Dicho esto, recordar también que en el siglo primero la sociedad entera discriminaba a las mujeres, de forma que decir a las mujeres que "respetasen a los maridos" era lo más normal del mundo. Pero, por otra parte, Pablo o su discípulo está diciendo aquí un bombazo contra cierta cultura griega: amar a la propia mujer es, para empezar, considerarla digna de ser amada (el verbo utilizado aquí no es "erao", que incluye una perspectiva más pasional, sino "agapao", que sitúa a los que se aman en un cierto nivel de mayor igualdad). Y segundo bombazo: de todas las formas imaginables de amar, para nuestro autor sólo vale una: la de dar la vida, toda entera, hasta la última gota de sangre, por la persona amada. Pues así, y no de otra manera, es como cree Pablo o su discípulo que los hombres deben amar a sus mujeres; y no valen rebajas de enero ni ofertas de dos por uno.
No os pido que estéis de acuerdo conmigo, pero me da la impresión de que difícilmente un misógino (recordemos: "Que odia a las mujeres, manifiesta aversión hacia ellas o rehuye su trato") o su discípulo pensaría de esta manera.

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jueves, 12 de febrero de 2009

¿Pablo misógino? (5 de 7) El Hijo de Dios, nacido de mujer

Gálatas 4,4
Al llegar la plenitud de los tiempos, envió Dios a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la ley, para rescatar a los que se hallaban bajo la ley, y para que recibiéramos la filiación adoptiva.

Una muy breve indicación, aunque ligeramente fuera de tema, pero para que veamos cómo Pablo alude a la mujer también en otros contextos no polémicos. Pablo apenas habla de María, la madre de Jesús, pero en esta breve cita afirma la necesidad del nacimiento de mujer para el Hijo de Dios. Sin ello, nunca hubiese podido ser el salvador que se identifica con nosotros y nosotras, ni podría hacernos hijos e hijas de Dios.

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martes, 10 de febrero de 2009

¿Pablo misógino? (4 de 7) ¡Callénse!

1 Corintios 14
Llegamos a una cita especialmente enervante ("que excita los nervios o pone nervioso", según la RAE):
Las mujeres cállense en las asambleas; que no les está permitido tomar la palabra antes bien, estén sumisas como también la Ley lo dice. Si quieren aprender algo, pregúntenlo a sus propios maridos en casa; pues es indecoroso que la mujer hable en la asamblea. (vv. 34-35)

¡Aquí sí, se dirá,se demuestra el odio que Pablo tiene hacia las mujeres!
Bueno, pues sí y no... me explico: Leer un texto fuera de contexto es la mejor manera de no entenderlo. Estos dos versículos, ciertamente insultantes para las mujeres, pertenecen al final del cap. 14 de la primera carta a los Corintios (vv.26-40). Os recomiendo que los leáis para entender de qué va Pablo. Resulta que en la comunidad de Corinto hay muchos, digamos, "iluminados" e "iluminadas" que "hablan en lenguas" en la asamblea. El fenómeno de "hablar en lenguas" debió de ser bastante curioso. Nosotros ciertamente nos carcajearíamos si les viésemos murmurando frases indescriptibles y creyendo que el Esíritu Santo se manifestaba a través de aquel galimatías... Pero tenemos que reconocer que eran otros tiempos, y que aquella era una forma habitual de creencia en la época. Pablo, que es más racional (más "como nosotros", podríamos decir), no ve con buenos ojos aquel jaleo y confusión que se formaba en las asambleas, y está decidido a poner las cosas en su sitio. Por ello insiste en que las cosas se hagan con orden, con decoro y que no se atropellen todos los que quieran hablar en la asamblea. En este contexto habría probablemente un grupo de mujeres que se pasarían hablando en la asamblea de Corinto, y a ellas (y sólo a ellas) va dirigida la imposición que hemos leído.
Ojo, esto es importante, Pablo nunca ha dicho que ninguna mujer debe hablar en ninguna asamblea eclesial de ninguna parte del mundo (aunque por desgracia, algunos interpretaron así sus palabras), Pablo está atajando un problema concreto con un grupo de mujeres concretas de una comunidad naciente e inexperta.

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sábado, 7 de febrero de 2009

¿Pablo misógino? (3 de 7) Una de cal y otra de arena

1 Corintios 7
Una de cal y otra de arena. Si en el capítulo 11 veíamos que Pablo se sitúa en la órbita de su propia sociedad, que era ciertamente discriminatoria, en el capítulo 7 nos sorprende con un par de frases totalmente igualitarias:
Que el marido dé a su mujer lo que debe y la mujer de igual modo a su marido. No dispone la mujer de su cuerpo, sino el marido. Igualmente, el marido no dispone de su cuerpo, sino la mujer. (vv. 3-4)

Y digo que "nos sorprende" porque estas frases sonarían muy normales hoy en día, pero hace veinte siglos casi nadie hablaba de esa manera. Pablo también es capaz de romper las sólidas normas discriminatorias de su tiempo para comenzar a intuir que hay una igualdad fundamental entre varón y mujer. No es que él desarrolle estas ideas, sería un feminista super-adelantado a su tiempo, tan sólo digo que "intuye".

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jueves, 5 de febrero de 2009

¿Pablo misógino? (2 de 7) Empecemos fuertecillo

1 Corintios 11
Empecemos fuertecillo. En este capítulo de la carta a los Corintios, escrito por Pablo, parecen encontrar muchos a un Pablo claramente misógino:
La cabeza de todo hombre es Cristo; y la cabeza de la mujer es el hombre; y la cabeza de Cristo es Dios...

Pablo afirma que el varón está por encima de la mujer, con la metáfora de la "cabeza". ¿Realmente se ha inventado Pablo esta forma de ver las cosas? Hace veinte siglos, la sociedad -toda ella- discriminaba a las mujeres, especialmente en puestos de responsabilidad y cargos públicos. Pablo tan sólo está asumiendo un criterio que, en aquella época, tenían interiorizados hombres y mujeres. Estamos de acuerdo en que toda la sociedad era discriminatoria, pero eso sólo hace a Pablo un "hombre normal en su época". Creo que no podemos valorar a las personas comparándolas con los que vivimos siglos después, sino dentro de sus propias sociedades.

Más adelante (5-10) insiste Pablo en que las mujeres deben llevar el pelo largo y los varones no. Vale que hoy no le damos importancia a esto, pero no veo que en estas frases Pablo discrimine a un género respecto a otro.

En el v. 9 Pablo recuerda el texto del Génesis en el que se cuenta la creación de Eva a partir de una costilla de Adán. Esto él lo interpreta como que "la mujer procede del hombre", pero fijaos, de todos modos, cómo acaba, en el v. 12:
"Si la mujer procede del hombre, el hombre a su vez nace mediante la mujer. Y todo proviene de Dios".

Así que, en el momento de comparar hombre y mujer, para Pablo ambos proceden de Dios, que es el mensaje principal que a él le interesa subrayar.

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martes, 3 de febrero de 2009

¿Pablo misógino? (1 de 7)

Circula en las mentes de muchos que conocen un poco a Pablo de Tarso la idea de que éste era, sencillamente, misógino ("Que odia a las mujeres, manifiesta aversión hacia ellas o rehuye su trato"; según el diccionario de la RAE). Para justificarlo se aluden varias citas de sus cartas, o de cartas de sus discípulos, en los que limita la acción o la posición de las mujeres en las comunidades cristianas.
Pero cabe preguntarse, ¿es posible hacer un juicio sobre una persona con datos tan limitados? Además, ¿podemos entender que una persona es misógina porque dijo cosas hace casi dos mil años que, dichas en el siglo XXI serían signo de misoginia?
En esta serie de entradas del blog voy a añadir al debate algunos datos más, que frecuentemente no se dicen cuando se discute sobre la visión que Pablo tenía de las mujeres.
El jueves comenzaremos, pero podéis dejar ya vuestros comentarios y opiniones.
¡Nos leemos!

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