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jueves, 5 de junio de 2008

Pasajes: La parábola de las dos casas y los tres cerditos

(Mateo 7,24-27)
¿Os acordáis de la parábola de las dos casas? ¿Esa en la que Jesús habla de dos hombres que construyen su casa, cada uno sobre un terreno? Está en el evangelio de Mateo y dice así:
Todo el que oiga estas palabras mías y las ponga en práctica, será como el hombre prudente que edificó su casa sobre roca: cayó la lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los vientos, y embistieron contra aquella casa; pero no cayó, porque estaba cimentada sobre roca.
Y todo el que oiga estas palabras mías y no las ponga en práctica, será como el hombre tonto que edificó su casa sobre arena: cayó la lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los vientos, irrumpieron contra aquella casa y cayó, y fue grande su ruina.

Pues bien, el otro día un niño muy avispado me preguntó: ¿Es como el cuento de los tres cerditos, no?
El cuento de los tres cerditos, para quien no lo conozca o no lo recuerde, dice que cada cerdito construyó su casa para vivir, uno con paja, para acabar cuanto antes y dedicarse a jugar, otro con madera, que también terminó pronto y el tercero con ladrillos, para que fuese más resistente y no pudiese entrar el lobo. Al final de la historia el lobo consigue destruir las dos casas más frágiles, pero no la tercera.
El mensaje es claro: el esfuerzo vale la pena.

¿En realidad ese el mensaje de Jesús con su parábola?
Pues sí y no. Me explico. La idea del esfuerzo está ciertamente presente en los dos relatos. Pero el cuento popular se detiene ahí mientras que la parábola de Jesús da un paso más. El esfuerzo tiene un objetivo, una meta, un sentido. Todo cuanto la sabiduría popular nos quiere enseñar con el cuento de los tres cerditos (y que, ciertamente, tiene mucho valor), está dirigido para los seguidores de Jesús hacia un horizonte: las palabras de Jesús. El esfuerzo de construir la propia casa (es decir, la propia vida) requiere de una roca sólida. Para Mateo, la roca está muy clara, es Jesús mismo y su Palabra.

martes, 3 de junio de 2008

Pasajes: Mateo 9,9-13

El domingo vamos a poder escuchar un pasaje del evangelio de Mateo con dos escenas. Es muy conocido, pero no por eso menos interesante, porque está lleno de detalles en los que fijarnos:

En la primera escena, Jesús llama a Mateo, el recaudador de impuestos. Ante todo, hay que subrayar que Mateo era judío, pero se encargaba de cobrar impuestos para los romanos, que eran el ejército invasor, y por ello todos los demás judíos rechazaban a los que tenían esa profesión. Los consideraban pecadores y vendidos al poder extranjero. Jesús, en cambio, no tiene problema en llamar también a un publicano entre sus discípulos más cercanos y eso seguro que causó sorpresa y disgusto entre los "bienpensantes" de su época. Por otra parte, sorprende la reacción rápida de Mateo, abandonando su vida cómoda para seguir a Jesús inmediatamente. Es uno de los "milagros" más maravillos, en mi opinión, de los que Jesús hizo.

En la segunda escena Jesús se sienta a la mesa en un banquete con gentes mal vistas en su sociedad. El gesto de comer juntos era muy importante entonces, mucho más que ahora, que nos podemos conformar con una hamburguesa de comida rápida y punto. Los fariseos se extrañan, porque los rabinos honorables que había en la época evitaban juntarse con los pecadores; por eso le critican. Pero Jesús responde mostrando cómo es el corazón de Dios: un corazón misericordioso que no rechaza a nadie, sino que quiere que todos sigan los pasos del amor y la acogida, como Jesús. Es importante que entiendan la respuesta de Jesús para la actividad. Jesús es el médico y los pecadores los enfermos. La frase que cita Jesús según Mateo ("Misericordia quiero y no sacrificios") es del profeta Oseas, uno de los que tanto insistieron en la profundidad de la vivencia religiosa, por encima del "cumplir" del "aparentar" que tan fácil resulta y que esconde a veces la hipocresía de una vida que no sigue a Jesús en realidad.

Jesús es el que ha venido a llamar a los pecadores... y ¡atención! porque tengo comprobado, aunque ahora no hay tiempo aquí para argumentarlo, que en realidad les está llamando "pecadores" a los fariseos criticones, y les está invitando, como cualquier otro pecador, al banquete. ¿No os convence esta interpretación? Echadle un vistazo a Lc 15.

¡Hasta pronto!